sábado, 6 de enero de 2018

1041. El Bautismo del Señor 2017



El Bautismo del Señor
Mt 3,13-17


Texto evangélico:
13 Por entonces viene Jesús desde Galilea al Jordán y se presenta a Juan para que lo bautice. 14 Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?». 15 Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia. Entonces Juan se lo permitió. 16 Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. 17 Y vino una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

Hermanos:

1. En la vida de Jesús hay tres escenas en las que lo humano y lo divino se juntan, se fusionan de una manera han singular que no tenemos nosotros un esquema en nuestra experiencia humana capaz de captar todo el contenido misterioso que encierran:
- El Bautismo de Jesús
- La Transfiguración de Jesús
- La institución de la Eucaristía
Jesús es uno de nosotros. Pero los Evangelios, desde la primera línea, tienen el convencimiento de que siendo así es alguien infinitamente más, es alguien que siendo nuestro nos trasciende, y que, por lo mismo, solo la fe nos da la llave para empezar a comprender.
Las primeras palabras de Marcos son estas. Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Y de Marcso decimos que es el Evangelio más rudimentario, pero es que está todo rezumante de fe desde el principio hasta el final.
Vayamos al Evangelio más teologizado, el más tardío, el Evangelio de Juan. La apertura de Juan es esta: “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios”.
Los cuatro Evangelio arrancan de estas convicciones. Si esto es así, ¡qué insensatez sería al nuestras si, al introducirnos en la vida de Jesús, queremos capturarla y dominarla, como si estuviese bajo nuestra dominio! Un psicólogo le puede decir a su cliente: Cuénteme usted y luego le diré yo…
Nada de esto es posible al entrar en los Evangelios.
2. La escena del Bautismo de Jesús, seguramente que como ninguna otra, se presta a que nosotros hagamos planteamientos y preguntas desde nuestra realidad existencial y los proyectemos sobre Jesús.
Es la hora en que Jesús va a comenzar. Si somos mayores, podemos volver a nuestro pasado y ver aquella por similar en que nosotros estuvimos. Hay una hora en que el hombre puede escoger carrera, el joven o la joven. Uno mira sus cualidades, sus ideales, sus posibilidades, las ofertas que le ofrece el entorno, y escoge. Si no acierta, puede rectificar, a lo mejor recuperando años perdidos.
Hay otra hora más grande en que el ser humano decide su destino personal de cara a una compañía, que va a ser el complemento y la realización de su persona. ¿Me uno en matrimonio con una mujer y esto para siempre? La mujer la inversa: ¿Me uno con un hombre, como realización de mis íntimas aspiraciones? Esto es mucho más importante que escoger carrera o profesión.
Son momentos cruciales que todos en la vida hemos tenido que afrontar. Aun en este caso, la vida no deja de ser misterio. Hay en la vida algo que nos sobrepasa, y que se escapa a nuestros análisis pro inteligentes que seamos.

3. Estamos en este momento crucial de la vida de Jesús. Jesús debe afrontar su destino con absoluta libertad personal, comprometerse con una situación que es su vocación, la misión por la que ha venido a este mundo. El evangelista san Lucas dice: “Jesús, al empezar, tenía unos treinta años, y se pensaba que era hijo de José, que a su vez era de Helí, de Matat, de Leví, de Melquí, de Jannaí, de José, etcétera” (Lc 3,22-23).
Esta frase seguramente está en relación con el principio del reinado de David, con lo que dicen los libros históricos: “David tenía treinta años cuando comenzó a reinar. Y reinó cuarenta años; siete años y seis meses sobre Judá en Hebrón, y treinta y tres años en Jerusalén sobre todo Israel y Judá” (2Sam 5,4-5).
En David el dato histórico es evidente. En Jesús, aunque la evocación pueda tener una referencia sacra, el dato pertenece básicamente a su historia personal. A los 30 años en Israel uno no es un joven. Ya ha hecho mucho camino. A los treinta años uno ya es un padre de familia con una grande responsabilidad que cumplir.
¿Qué ha hecho Jesús hasta los treinta años? No ha frecuentado las escuelas rabínicas, como las frecuentó Saulo de Tarso, unos diez años más joven que Jesús, según se calcula. “¿Cómo es este tan instruido si no ha estudiado?”, es un comentario que hacían los judíos, según san Juan (Jn 7,15). Sigue el texto. Jesús entonces les contestó: “Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado…” (v. 16).
Ya tenemos, pues un dato: Jesús es un místico.
¿Qué más sabemos de cuando Jesús tenía 15, 18…, 25… años? Nada, absolutamente nada.
De manera que su vida comienza de repente, tomando una total decisión: ir a recibir el bautismo que administraba Juan e internarse en el desierto. Bien se puede pensar que el que va al desierto para cuarenta días y cuarenta noche… no es la primera vez que va.

4. La presentación evangélica no responde a los planteamiento vitales que nosotros nos hacemos y que quisiéramos indagar en Jesús. El punto de mira es otro.
En el Evangelio lo que aparece claro son dos cosas:
- De parte de Jesús: que hay una voluntad clara y total e consagración a la misión del Reino que Dios le ha confiado, y que esta consagración se verifica mediante un rito inaugural que él acepta como comienzo de los últimos tiempos. Este es su bautismo.
- Y en segundo lugar, de parte de Dios: hay una aceptación de Dios, que se muestra en una teofanía, anticipo del día de la Resurrección.
Esto es el significado del Bautismo de Jesús, que nosotros lo vivimos celebrándolo en medio de la asamblea cristiana con ritos sagrados, con antiguas lecturas proféticas, con oración y alabanza.
El bautismo de Jesús es la consagración del Siervo de Dios, consagración de su parte, consagración de parte de Dios.
1 Mirad a mi Siervo, | a quien sostengo; | mi elegido, | en quien me complazco. | He puesto mi espíritu sobre él, | manifestará la justicia a las naciones.
 2 No gritará, no clamará, | no voceará por las calles.
3 La caña cascada no la quebrará, | la mecha vacilante no la apagará. | Manifestará la justicia con verdad.
4 No vacilará ni se quebrará, | hasta implantar la justicia en el país. | En su ley esperan las islas” (Is 42,1-4).
Es la primera lectura de hoy. Este célebre pasaje lo ha de citar san mateo cuando hable de los milagros de Jesús.
Aquí nos podríamos quedar, hermanos: Mirad a mi Siervo.

5. Escena de contemplación y de perderse en Dios: Mirad a mi Siervo.
Según el relato de Mateo la escena ha comenzado con un forcejeo: Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?

Lo importante. El punto cenital de lo que aquí acontece es la mística teofamía de estas “Luminarias”: Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. 17 Y vino una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

6. Jesús es el embeleso del Padre. Jesús es la complacencia suma del Espíritu. En suma, hermanos, el Bautismo de Jesús es una escena totalmente humana de un momento crucial, decisivo de la vida de Jesús y, al mismo tiempo, una escena totalmente divina, en la que Dios se ha derramado en él.

¡A Cristo Jesús la gratitud y la gloria pro los siglos de los siglos! Amén.


Guadalajara, Jalisco, sábado 5 enero 2018

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