viernes, 24 de noviembre de 2017 0 comentarios

1020. Homilía en la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo 2017



Homilía en la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo
Mateo 25,31-46


Texto evangélico
31 «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria 32 y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. 33 Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
34 Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. 35 Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, 36 estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”. 37 Entonces los justos le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; 38 ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; 39 ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”. 40 Y el rey les dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”.
41 Entonces dirá a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. 42 Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, 43 fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”. 44 Entonces también estos contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”. 45 Él les replicará: “En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”. 46 Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».

Hermanos:
1. Jesucristo Rey del Universo, es decir, Rey de cielo y tierra, Rey de la historia humana, Rey de cuanto bulle en el corazón de todas las criaturas, es la coronación del año de la Iglesia. El domingo que viene iniciamos otra vez el ciclo de los Misterios cristianos, cuyo eje es el Misterio Pascual.
Para este domingo tenemos este pasaje grandioso de san Mateo, texto único en el Nuevo Testamento. Todo el misterio del Verbo Encarnado está ahí. Cuando afrontamos una escena de la vida de Jesús, en ella podemos leer la totalidad de su vida; desde la unidad del todo se entiende el significado de las partes. Pero es que aquí, de una manera directa y concreta aborda Jesús el misterio íntegro de su ser: ¿Quién es él?, cuál es su misión?, ¿cuál es su veredicto frente a la historia de todos los hombres?
2. En este texto se habla de bendición y maldición, de vida eterna y fuego eterno, como que el hombre es capaz de firmar su propia condenación por los siglos de los siglos… Este modo de presentar su mensaje por contraposiciones irreductibles es muy propio de Jesús.
Y al comienzo se habla del “Hijo del hombre”, pero no del Hijo del hombre con atributos de humillación, el Hijo del hombre crucificado, sino del Hijo del Hombre en su gloria, que es igual a la del Padre.  El Hijo del hombre es el Rey; el Hijo del hombre es el pastor, título divino en la tradición de los Profetas. Ezequiel con el largo pasaje del pastor (capítulo 34 del libro de Ezequiel) nos ha dado una clave última de su pensamiento.
Estamos, pues, hermanos, ante un texto que es el cúmulo, en síntesis, de toda la teología cristiana, que nunca acabaremos de agotar.
3. Pero lo que más nos sorprende, lo que nos escandaliza y consuela, es que Jesús pone toda la Ley de Moisés y todo el Evangelio que él predica, en la decisión que toma el ser humano ante el pobre concreto: el pobre, el indigente, el enfermo, el proscrito. Para encontrar a este ser no hace falta salir del barrio donde vivimos.
Esos ejemplos que Jesús pone - tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, 36 estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme – de repente parece que aluden a obras de generosidad, no precisamente a esas obligaciones que uno tiene que cumplir en la vida: trabajo, responsabilidad, familia.
Yo trabajo duro, creo una familia, me hago responsable de ella, disfruto lo que puedo, y ahí termina el mundo. Cada uno cumpla con su obligación, y todos en paz.
4. Pero es que Jesús habla de otra cosa. En este proyecto personal no termina el mundo. Si aparte de eso hay gentes altruistas que gratis, sin ninguna recompensa o beneficio personal, se dedican a pobres, a emigrantes, a enfermos, a encarcelados, muy bien, les admiramos y felicitamos. O todo lo más, se puede echar una mano como obra de caridad. Es como si un ayuntamiento hace sus presupuestos sólidos, y pone en el presupuesto, un 0.07 (que no llega al 1%) para el Tercer Mundo y para obras sociales, por ejemplo, para crear un albergue nocturno para mendigos.
Con este esquema social, hermanos, no funciona el Evangelio. El lenguaje de Jesús resulta escandaloso por varios conceptos:
- Porque esas obras de generosidad, de supererogación, son para él obra esenciales, las que van a decidir el destino final.
- Porque esas obras son así de esenciales no para un grupo de discípulo, sino para todo discípulo.
- Porque esas obras son esenciales incluso para todo ser humano, porque el juicio no se está haciendo con la comunidad de seguidores sino con todas las naciones.
- Porque esas obras no se satisfacen por comisión (yo doy un tanto de mi dinero, y cumplido), sino que Jesús está hablando de obras que implican a la persona. No se visita a un enfermo por un representante legal: o yo lo visito o no lo visito.
5. En este plan Jesús está hablando de lo que tiene que ser el Evangelio, la cartilla de la humanidad, y lo está diciendo de una manera tan tremenda que en ello nos jugamos la eternidad: la vida eterna o el fuego eterno. Estamos hablando, hermanos, de la letra pura del Evangelio.
Entonces, ¿qué es ser cristiano?
No, hermanos, no: la pregunta no es “¿Qué es ser cristiano?”, sino “¿Qué es ser hombre?” De esto está hablando Jesús, que se pone como árbitro de la historia humana y hace un balance final frente a la vida eterna o a la condenación eterna.
Exegéticamente, esto es así. Estamos, pues, hablando del sueño de Jesús, o – si no es irreverente decirlo – de la utopía de Jesús para el hombre.
Pues precisamente por esto Jesús es Rey, porque él con su vida, muerte y resurrección, se ha propuesto llevar adelante este proyecto de la humanidad.
Jesús es Rey no por ningún derecho político, que eso sería ridículo. Jesús es Rey como Redentor de la humanidad, que tiene para todos – y muy personalmente para mí – una palabra nueva, un proyecto nuevo, que nadie sino solo él me lo podría decir.
6. Hermanos, no cabe sino dar las gracias y orar y decir a Jesús:
Señor Jesús, gracias por haberme abierto los ojos a la vedad del corazón humano. Yo junto contigo quiero ser constructor de esa humanidad nueva que nos lleva a la vida eterna. Amén.
Guadalajara, Jalisco, viernes 24 de noviembre de 2017.
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1019. Poema: El Evangelio de hoy Lc 19,41-44




Bajaba de los Olivos
(Lc 19,41-44)


“41 Al acercarse y ver la ciudad, lloró sobre ella, 42 mientras decía: «¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos. 43 Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados, 44 te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita»” (Lc 19,41-44).
¿Puede el exegeta descubrir detrás de esta escena un gesto político de Jesús patriota? Porque realmente Jesús, judío, amaba visceralmente la sangre judía. Judío había nacido, de raza judía era su madre, y tenía derecho a la pasión de amar a su tierra.
Pero… no es eso: el texto bíblico nos retrotrae a los profetas, que veían la ruina de su pueblo por haber desobedecido a Dios, por haber roto la alianza. Esta visión sacral, transcendente, de la vida también la ha aceptado Jesús.  Y ve – no sabe cuándo – la ruina de su pueblo, como Jeremías, como Ezequiel, por haber dado la espalda al Dios de su Alianza. La destrucción de Jerusalén es la evidencia del desamor… Lágrimas de su fracaso, lágrimas de su infinito amor. No conocieron la visita.

Bajaba de los Olivos
de cara al Muro Oriental,
y en el triunfo, pensativo,
el Señor rompió a llorar.

Ezequiel había visto
el agua de allí manar,
era un arroyo pequeño,
y luego un río hasta el mar.

Los frutos del paraíso
a cada ciclo lunar,
los árboles producían
muy ricos al paladar.

Las hojas, de medicina
servían para curar,
nuevo Templo, nueva Tierra
y nueva Comunidad.

Pero Jesús que bajaba
contemplaba un sequedal,
y las lágrimas surcaban
sus mejillas de bondad.

Jerusalén, si acogieras
esta visita de paz…,
si la orilla de mi alma
tu pudieras contemplar…

Pero tus ojos no lloran;
por eso tristes están;
lloro por ti que no lloras
cuando debías llorar.

Amada mía sin llanto
en tu seco lagrimar;
yo veo a tus enemigos
que a tus hijos matarán.

Yo lloro porque a mi Padre
le veo en duelo penar,
es poco que el gran el imperio
a espada te arrasará.

Lloro porque rompiste
el pacto de su amistad:
he roto a llorar y lloro
porque te amo de verdad.

Guadalajara, Jalisco, jueves 23 noviembre 2017


 
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